miércoles, 8 de noviembre de 2017

Gabriela Ortiz Quintero


Gabriela Ortiz Quintero (Guadalajara, Jalisco) es abogada dedicada a la justicia en materia penal. Desde el año 2011 se integró y participa en el taller de literatura breve “Al gravitar rotando” en Guadalajara, Jalisco, en donde ha publicado breves en los Anuarios de textos breves 2014, 2015, 2016 y 2017 de ediciones Al Gravitar Rotando, La sonámbula, de los Imposible ediciones y Dos filos. También publicó en el libro Hecho a breve, compilación de cuentos y textos breves. Tiene una publicación que es parte de la colección La ronda de los solos: Prolapsos vitrales, compilación de aforismos, microcuentos y micoficciones. Publicaciones realizadas a través de la editorial Al Gravitar Rotando.



Epitafio

Decía el epitafio de un par de amantes “Decidieron echarse un tiro”, sus cadáveres fueron encontrados con una bala en el pecho por motivo de un crimen que jamás fue resuelto.


Azar

Ojalá el azar oliera a azahares, pero el azar es unas veces pestilente y otras dulce como el olor a las frutas maduras o a las flores. Podría hacer una larga lista de los olores que tiene el azar. Pero antes de ello debo determinar si es por azar que estoy escribiendo.


Cuántica

De mecánica cuántica entiendo la mecánica. Más propiamente dicho, de los talleres mecánicos entiendo una cosa: un importante insumo de todos los talleres mecánicos es tener posters y calendarios de voluptuosas mujeres semidesnudas que denotan: física, fricción, volumen y calentamiento. Como ciencia, pura ciencia.


Gräfemberg

Vincenzo y Giulia Puppo, dos investigadores del departamento de Biología de la Universidad de Florencia, recientemente aseguraron que filosofal Punto G no existe. Así las mujeres durante años nos dividimos entre clitorianas y vaginales. Después de esta noticia continuamos divididas, entre las que creen en la ciencia o las que creemos en la magia.


Inversiones

Llevo practicando yoga más de seis meses, hoy por fin pude pararme de cabeza y descubrí porqué San Antonio no funciona


Día de reyes

El 6 de enero desperté muy temprano, vi que no me trajeron nada, absolutamente nada los reyes malditos. Corrí por un bidón lleno de gasolina, incendié el arbolito e incendié también la casa ... ¿Qué hubieran hecho ustedes?


Zorra

La palabra zorra tiene varias acepciones: una constelación, un mamífero, un vehículo ferroviario y también la vagina, la vulva o una puta. No he encontrado mejor palabra que zorra para convertir este punto final en un punto de equilibro.



viernes, 20 de octubre de 2017

Diego Sañudo


Diego Sañudo ( Burgos, Castilla y León, España, 1981) comenzó su andadura literaria con cinco años, cuando comenzó a pedir libros en lugar de juguetes a los Reyes Magos. Se ha formado leyendo, escribiendo y acudiendo a numerosos talleres literarios.
Ha publicado Juego de Niños que se ha convertido en el libro más vendido de la editorial La Tinta del Silencio, con quienes publicará próximamente un segundo libro: Relatos capitales. Además, participará en una antología de microficción. También está presente en El fulgor de la estrella negra. Homenaje a David Bowie, en la antología Colección Bardeblás y en Relatos de Cerveza-Ficción.
Ha sido finalista del I Premio de microrrelatos Usar y Tirar, en el concurso de microrrelatos de Eñe, revista para leer, y en el concurso de microrrelatos de la feria del libro de Burgos entre otros.



Sonrió a la mujer que se sentó junto a él en el parque. Fue sutil pero ella le recordó que tenía alzheimer y que ya estaban casados.

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Me dejaste un lunes y escribí un martes la lista de la compra:
—Cinta.
—Bolsas negras.
—Hacha.
Y sólo por eso sospechan de mí.

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Le miró a los ojos y sintió esa indescriptible sensación tan embriagante, tan abstracta y tan visceral que se resume en cuatro letras: asco.

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Delicioso, pensó sorprendido mientras masticaba, y se rio al recordar que casi se entrega a la poli porque no sabía qué hacer con el cadáver

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Me encanta hacerlo boca arriba, boca abajo, de pie, sobre la mesa, en el suelo, en la playa, solo o acompañado. Leer es un placer

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Micifuz cerró el chat enojado. Odiaba negociar la venta de armas con los humanos. Nunca le tomaban en serio cuando pedía su pago en atún.

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Sopló las velas emocionado y pidió un deseo.
—No seas infantil —le dijo la sombra que le acompañaba— no es tu cumpleaños, es tu velatorio.


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lunes, 18 de septiembre de 2017

Renato Tinajero


Renato Tinajero (Cd. Victoria, Tamaulipas, 1976), es autor de cuentos, ensayos y poemas. Estudió filosofía y es profesor universitario. Fue publicado en varias ocasiones en El cuento, revista de imaginación. Su libro Fábulas e historias de estrategas obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en 2017. Vive en Monterrey.



Fábula

Cría cuervos y échate a dormir. Crea fama y te sacarán los ojos.


Suma teológica

Tres. Son tres ángeles. Son tres los ángeles que han comenzado su danza sobre la punta de un alfiler. Tres ángeles livianos e invisibles. Tres ángeles etéreos.
Cuatro. Son cuatro, cuatro ángeles los que se suman a la coreografía divina. Siete, son siete ahora los ángeles danzantes. Siete ángeles que danzan en la punta sutil del alfiler.
Seis. Son seis los ángeles que mueren, que han muerto asesinados antes de que raye el alba. Y es un ángel, el séptimo, quien los contempla. Es solamente un ángel. Uno el que sostiene todavía entre los dedos el cuchillo ensangrentado. Y el ángel, en el esquivo instante que separa a un segundo del que lo sucede, alza el cuchillo y se suicida.
Oh creyentes, vosotros los que habéis depositado ciegamente vuestra fe en el mayor de los Misterios, decid: ¿cuál es la Voluntad de Dios?


Apocalíptico

Y las reses, en venganza, tomaron las armas.


A la manera de los hombres

“Ego sum lux”, dijo la luciérnaga, imitando en palabras y ademanes a los hombres.


Un epílogo

Y a la mañana del octavo día, luego de un descanso nada reparador, Dios se encontró en su cama convertido en un gigantesco insecto.


Taxi

Y la garra dejó caer desde la ventanilla del taxi la cabecita de un niño, cuyos cabellos, uno por uno, habían sido arrancados meticulosamente.


El viento, el viento

“Polvo somos”, dijo. Y el ventarrón lo deshizo de un soplido, como se barre el polvo triste que se junta sobre los muebles.